Resumen Capítulo 1, Yo Argumento

 Resumen capítulo 1, Yo Argumento


La capacidad de argumentar nos caracteriza como seres racionales. Desde el momento en que conseguimos dar razones explícitas (argumentos) de nues­tras afirmaciones (tesis o puntos de vista) a los otros, iniciamos el camino de la razón dialógica que va a atravesarnos durante toda nuestra vida, a menos que intencional­mente nos aislemos y nos encerremos en nuestros monólogos. Aún así, no podremos anular a los interlocutores virtuales que nos lleva a buscar motivos para pensar o para actuar de determinada manera. 

Quino, nos permite pensar en tres aspectos fundamentales a la hora de comenzar a reflexionar sobre la argumentación. En toda situación argumentativa, no sólo importa aquello sobre lo cual se argumenta (objeto de discusión) sino también quiénes argumentan (interlocutores), con qué intenciones y en qué contextos lo hacen. 

I.I APORTES DE LA FILOSOFÍA: GRADOS DE CONVERGENCIA CRÍTICA

Ricardo Maliandi con una ética convergente nos llama la atención acerca de distintas posturas comunicativas que podemos asumir cuando hacemos uso de la razón. Al respecto, habla de razón dialógica, partiendo del supuesto de que razonar implica dialogar, en la medida en que involucra dos funciones básicas: la fundamentación y la crítica

Se agrega entonces que la dimensión esencialmente dialógica de la razón involucra una postura crítica  (puntos de vista propios y ajenos) lo que a la vez pone de manifiesto el concepto de conflictividad, derivado de lo crítico, como uno de los principios de su ética convergente, en tensión constante con el concepto de consenso (o validez intersubjetiva). Esto le permite plantear tres posturas dis­tintas en un discurso argumentativo, según el grado de convergencia crítica:

  • Postura estratégica

El enunciador no conceptualiza al destinatario como un oponente con un punto de vista válido y diferente. De este modo, la argumentación es persuasiva, retórica y apunta a forzar y refutar la opinión del contrario o imponer el punto de vista propio.

  • Postura comunicativa divergente

La argumentación tiende a la resolución del desacuerdo, donde cada interlocutor favorecerá la opinión propia y no la del oponente con la idea de que alguien debe ganar y alguien debe perder. 

  • Postura comunicativa convergente

Cada argumentante solicita y espera los contraargumentos del interlocutor (un co-operador) para el avance dialéctico, pero con la presuposición compartida de la disponibilidad para rectificar las propias opiniones y la actitud tácita del beneficio colectivo ante la resolución de un problema.

Destaca Maliandi:

El diálogo crítico sólo es posible cuando los participantes están, en efecto, dis­puestos a modificar, eventualmente, sus propias opiniones, y a subordinar sus propios intereses al acuerdo intersubjetivo.

Ahora bien, las perspectivas dialécticas de la argumentación atienden a las argumentaciones válidas y a las falacias, para este concepto Maliandi apela a una analogía ilustrativa. 

Modo pseudoargumentativo defensivo: la liebre

Se escabulle eludiendo la confrontación de puntos de vista.

Modo pseudoargumentativo defensivo: el erizo

Levanta una pared (las “púas argumentativas”) para que nadie se le acerque e intente desafiar sus puntos de vista.

Modo pseudoargumentativo ofensivo: el tigre

Predador que ve en el interlocutor una presa a devorar, por lo cual el tema de discusión pasa a segundo plano

Modo pseudoargumentativo ofensivo: la araña

“envuelve” al oponente con su retórica, a través de una mezcla de argumentos lícitos y falacias bien disimuladas, matizados con citas y proverbios.

Como bien dice Maliandi, la liebre, el erizo, El tigre y la araña llegan con frecuencia a “ganar” discusiones, pero muy difícilmente promueven un avance de la razón, debemos evitar que se apoderen de nosotros estos animalitos, es funda­mental para que no interfieran en nuestros propósitos de diálogo, sobre todo si pensamos que la vida democrática se construye sobre esa relación entre consenso y conflictividad, que implica buscar acuerdos pero también objetivar el disenso, a partir del reconocimiento y respeto hacia la diversidad individual y cultural. Sin embargo, buscar el respeto no implica adherir acrítica­mente a otras posturas, con una actitud complaciente o condescendiente.

1.2 APORTES DEL PENSAMIENTO CRÍTICO

Veremos cómo abordan el campo de la argumentación, algunos aportes de la psicología cognitiva y de la pedagogía, que ayudan a reflexionar acerca de la complejidad del hecho argumentativo que sobrepasa lo estrictamente lingüístico. Más adelante, consideraremos las llamadas teorías de la argumentación, que sobrepasan los límites de un solo campo del saber y exige un tratamiento inter­disciplinario, y también proceden de la confrontación y evolución de perspectivas en el seno mismo de los ámbitos disciplinarios. 

Este hecho se ha manifestado de modo más patente en torno al movimiento que surgió con el nombre de pensamiento crítico (critical thinking), el cual fue cuestionado desde distintas posiciones teóricas, pero luego evolucionó notablemente en sus planteos y metodologías: 

  • Evolución desde una perspectiva monológica, que pone el acento en el sujeto que eva­lúa la validez de su propia argumentación o de la ajena (virtudes y desventajas de ambas partes), hacia una perspectiva dialógica y dialéctica, dado por el intercambio entre puntos de vista opuestos (diferentes visiones del mundo).

  • Evolución desde una vi­sión objetivista o neutra, donde las habilidades generales de pensamiento crítico se basan en principios generales, hacia una visión intersubjetiva. En primer lugar, el debate entre habilidades generalizables vs habilidades específicas de dominio, y luego la interculturalidad, donde el diálogo no es entre sujetos sino entre distintos grupos culturales. 

  • Evolución desde una concepción atomicista y taxonómica de las microhabilidades im­plicadas a una integración de éstas en una concepción más global, a través de macrohabilidades.

  • evolución desde una perspectiva estrictamente cognitiva a enfoques que incluyen aspectos actitudinales. R. Paul plantea la necesidad de integrar en el concepto de pensamiento crítico no solo a las macro y microhabilidades, también a las virtudes intelectuales, que transforman el pensamiento egoísta y parcial en uno amplio e imparcial.

LAS VIRTUDES INTELECTUALES

  • Independencia intelectual: disposición y compromiso para el pensamiento autónomo. Lo contrario es ser una presa fácil de cualquier argumentación, más o menos convincente, y cuanto más de los discursos persuasivos en general

  • Curiosidad intelectual: disposición para preguntarse acerca del mundo y buscar explica­ciones a las discrepancias. Es una postura cuestionadora que lleva a plantearse constantemente diversos interrogantes acerca de los grandes temas existenciales.

  • Coraje intelectual: conciencia de la necesidad de reflexionar imparcialmente sobre pun­tos de vista hacia los cuales tenemos fuertes emociones negativas que te impiden ser objetivo.

  • Humildad intelectual: advertencia acerca de los límites de nuestro conocimiento, que se traduce en la voluntad de reconocer lo que no sabemos y nos habilita a considerar posturas distintas a las nuestras.

  • Empatía intelectual: ponernos imaginativamente en el lugar de los demás para intentar entender sus puntos de vista.

  • Integridad intelectual: reconocimiento de las necesidad de ser veraces y consistentes; exi­girnos la misma rigurosidad y prueba que pedimos a nuestros antagonistas; practicar lo que defendemos; admitir honestamente las discrepancias entre nuestros pensamientos y acciones.

  • Confianza en la razón: confianza en que aprenderemos a pensar por nosotros mismos y a encontrar soluciones a partir del diálogo y de razones dirimidas en la interacción.

  • Imparcialidad: conciencia de la necesidad de considerar todos los puntos de vista sobre un problema, prescindiendo de intereses sectarios.

Estos aportes nos permiten reflexionar sobre la argumentación desde una perspectiva más amplia, enriqueciendo la visión estrictamente lingüística.

1-3 APORTES DE LAS TEORÍAS DE LA ARGUMENTACIÓN

Los estudios sobre la argumentación se remontan a la antigüedad clásica y tienen como referencia indiscutible a Aristóteles, su pensa­miento impulsó dos líneas que se han ido configurando como dos perspectivas definidas y en tensión constante, actualmente, las perspectivas retóricas y las perspectivas dialécticas.

Las primeras se inspiran en la Retórica de Aristóteles y se re-actualizan con el Tratado de la Argumentación con el propósito de estudiar el modo en que se presentan y se justifican los “razonamientos” prácticos.

Por su parte, las perspectivas dialécticas se inspiran en los Tópicos y Refutaciones Sofísticas de Aristóteles y encuentran su renacimiento en la obra de referencia Falacias de Hamblin, y posteriormente de los aportes de otros autores. 

Nuestro objetivo es presen­tar una visión que integra dos modos de abordaje del fenómeno argumentativo:

  • La perspectiva retórica: Considera la argumentación como una operación discursiva y pone el acento en en las estrategias discursivas (razones y argumentos) que utiliza un enunciador para lograr un determinado efecto en los destinatarios (la adhesión a una tesis), con respecto a un objeto de opinión.

  • La perspectiva pragma-dialéctica: Concibe la argumentación como una discusión crítica. En este caso, se focaliza la atención en la interacción de interlocutores (con diferentes opiniones) que buscan resolver un desacuerdo; en las reglas de discu­sión crítica (regulan la interacción) y en las violaciones de estas reglas o falacias (ponen en peligro la validez de la misma).

Cues­tiones importantes para el avance de las teorizaciones:

  •  El intento de acercamiento entre perspectivas retóricas y dialécticas.

  • El énfasis en la consideración de la argumentación desde una perspectiva interaccional.

  • La necesidad de dar cuenta de los factores emocionales, inherentes de la discusión ar­gumentativa.

  • La conveniencia de articular los estudios de argumentación con las diferentes líneas de análisis del discurso.


PERSPECTIVA RETÓRICA

Un sujeto enunciador trata de influir sobre las opiniones de un destinatario por medio de su discurso. Esto nos habla de la fuerza ilocutiva: interacción donde el sujeto intenta cambiar algo en las ideas de los demás, a través del uso de las palabras (aspecto discursivo, verbal). Distinta a la violencia (acción física), límite de la argumentación.

Si alguien intenta influir sobre las opiniones de otra persona, por medio de su discurso, es porque estima que esa persona es sensible a las razones. Sin embargo, conviene distinguir:

  • Una argumentación basada en el razonamiento, donde las tesis y argumentos que las apoyan son planteados abiertamente por el argumentador para convencer a los destinatarios.

  • Una argumentación persuasiva, se opera sobre la voluntad, los sentimientos y las pulsiones más elementales, con el objeti­vo de persuadir al destinatario, no hay una discusión. 

... una tesis u opinión.

Para que exista argumentación, tiene que existir un campo problemático o un tema respecto del cual se dan puntos de vista diferentes, o por lo menos dos tesis antagónicas que se enfrentan. A veces esta tesis adversa puede ser simplemente la voxpopuli, la doxa u opinión general, que no es necesario explicitar porque está presente en el saber compartido de los hablantes.

“Considero la argumentación... como un tipo de “esquematización” discursiva, es decir, como la producción de un discurso (proceso y resultado) organizado con el propósito de intervenir sobre la opinión, la actitud y el comportamiento de alguien. (Grize, 2004)” Doury y Moirand toman esta idea: cada vez que un locutor A produce un enunciado, propone una “esquematización” a un interlocutor B, es decir que construye un “micro-universo” a partir de la realidad tal como la percibe, pero igualmente tal como él la reconstruye para B. La esquematización que A propone a B está pues en función de la finalidad de A, pero igualmente de las representaciones que él se hace de B, de las representaciones que tiene o que él quiere dar de sí-mismo y de las representaciones acerca de lo que habla (el tema T). Si, a la vez, esto es pensado en función de B (destinatario) pero en su papel de enunciador, es decir, con una construcción propia sobre esa realidad, el he­cho argumentativo se complejiza por cuanto las distintas versiones de ese objeto de discurso no son compatibles y entran en conflicto. Por lo tanto, el “éxi­to” de la argumentación radicaría en compatibilizar, negociar o abandonar alguna de estas versiones.


PERSPECTIVA PRAGMA-DIALÉCTICA

Esta teoría postula diez reglas para el desarrollo una discusión crítica, junto con las violaciones más frecuentes que constituyen una reinterpretación de las falacias tradicionales, a la luz de parámetros lógicos, pragmáticos y éticos. 

Con la expresión pragma- (pragmática), manifiestan su filiación explícita a la teoría de los actos de habla de Austin y Searle, donde hacen referencia a tres cuestiones clave del estudio del lenguaje: el contexto de uso, las intenciones de los interlocutores y los implícitos. Por su parte, con el término dialéctica, ponen en evidencia la relación que se establece entre los participantes. 

Esta teoría entonces busca encontrar un equilibrio entre una perspectiva normativa y una descriptiva. La argumentación cotidiana está atravesada por múltiples fac­tores subjetivos, uno de los objetivos de este plantea­miento es desarrollar las herramientas para determinar en qué grado una argumentación está de acuerdo con las normas de una discusión razonable. Para ello, no abandona el criterio de consistencia lógica, sino que lo complementa con el criterio de consistencia pragmática, que permite evaluar la razonabilidad de los argumentos en función de los contextos de interacción.


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